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Ana María Shua, considerada como la más importante escritora de microrelatos en América Latina, asegura que no basta el talento natural para escribir sino que hay que ejercitarse en el manejo de la palabra.

Algún talento hay que tener, pero eso no es suficiente porque, además, hay que leer y trabajar mucho, lo mismo que tener mucha disciplina”, dijo la considerada “reina del minicuento” en diálogo con el programa Al Fin de Semana.

Reitera que ese que califica cariñosamente como “talentito” es apenas el punto de partida para todas las actividades y con una dosis de gracia recuerda que “hasta Messi entrena”.

Habla con sencillez, casi con humildad, para referirse al reconocimiento que ha tenido con el microrelato, a pesar que  es una fulgurante escritora de novelas, cuentos y poesía.

Recuerda que su primer libro de microrelatos publicado fue “La sueñera”, pero se ríe recordando que en su momento nadie parecía pararle bolas al texto.

Nadie quería publicar La sueñera y finalmente gracias a que tuve una novela betseller que se llama Los Amores de Laurita, prácticamente fue editada como una especie de premio de consolación”, señala Shua, tras recordar que el libro fue incluido en una colección de ciencia ficción.

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[AUDIO] Ana María Shua, considerada la más importante escritora de microrelatos en América Latina.

0:27 5:25

Aunque este género tiene nombres tan diversos como minicuento, relatos hiperbreves, historias cortas, microficciones, pequeños infinitos y hasta cuento bonsai, Shua prefiere llamarlos simplemente microrelatos.

“Es simplemente un texto narrativo que tiene 300 palabras como máximo”, dice para dejarnos una definición, insistiendo en que no puede haber un mínimo y recordando que por ejemplo hubo una historia llamaba Fantasma y que tenía la página en blanco.

Cuando inició en el género la gente los conocía como cuentos brevísimos y se entendía la naturaleza del formato, en contravía de otras definiciones que pueden ser  más complejas.

Llama la atención que un texto tan corto tenga muchas veces finales inesperados, que obliga a estar preparado para entender lo que se proponen con tanta economía de palabras.

“Suele suceder que lectores incautos se meten con el género sin saber de qué se trata en realidad y lo leen un poco distraídamente y no lo entienden porque se requiere mucha atención”, asegura.

Aclara que en todo caso los textos no son ni misteriosos ni  incomprensibles, sino que está construido con claves especiales para ser comprendidos, “porque en todo caso no pueden ser un misterio”.

Dice que conscientemente no sabe cómo escribe sus historias, aunque insiste en que la gente debe tener en cuenta que “no se trata de resumir como lo dicen algunos manuales que un texto largo tiene que ser breve”.

 “Si un cuento tiene tres páginas, pues tiene tres páginas y no hay porqué reducirlo y lo importante es que sea de calidad“, reitera.

La escritora argentina señala que el corazón y el núcleo de la literatura son la muerte y la fugacidad de la vida y, una vez en ella, el tema más importante es el amor.

Y sobre lo que le gusta leer, a la gente dice de manera directa: “La desdicha ajena es interesantísima, muy entretenida, de manera que las guerras, que son un cúmulo de desdichas, son un campo fértil para la literatura de ficción”, asegura Shua.

A propósito su libro más reciente se llama “La guerra” que recoge historias de las confrontaciones bélicas del pasado y del futuro basadas la mayoría en hechos reales.

Ana María Shua ha escrito diez novelas, cuatro colecciones de cuentos, siete libros de minicuentos, uno de poesía y uno ensayo y sin embargo los éxitos con sus libros de historias cortas la han condenado al éxito, hasta el punto que muchos la califican como “la reina de los microrelatos”, lo que a ella de divierte enormemente.

“Me dijeron en España que era la reina del microrelato y, de inmediato dije, que quiero mi cetro y mi corona. En Argentina esto sería mal visto, porque uno no habla de su obra, y me hubiera tocado decir que era un poco exagerado”, le dijo Shua al programa A Fin de Semana.

La mujer que escribió su primer relato para participar en un concurso, que esperó más de diez años para publicar La Sueñera  y que se  ha ganado innumerables premios, sabe que los finales de las historias tienen que ser sorprendentes e inesperados.

“Uno va aprendiendo cómo salir de una situación de la que aparentemente no es posible escapar y eso es posible mediante un juego de pensamiento lateral”, señala.

Fin de la historia.

Fuente

RCN Radio

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